Bernardita Vattier en Museo Nacional de Bellas Artes/ Alameda Ahumada
Expositor: Bernardita Vattier
Lugar: Museo Nacional de Bellas Artes
Técnica: Fotografía
Fecha: 26 de junio al 2 de agosto 2009
Horario: De martes a domingo de 10:00 a 18:50 horas. Cerrado días lunes.
Entrada: Adultos: $ 600.- Estudiantes y adultos mayores con identificación: $300. Estudiantes de arte acreditados y niños hasta 8 años: entrada liberada. Días domingo: entrada liberada o aporte voluntario. Acceso a Biblioteca es gratuito.
Informaciones: www.mnba.cl
Santiago está en una permanente metamorfosis. La Alameda y la calle Ahumada han cambiado su fisonomía a través del tiempo. La escala es otra, antes era caminable en un par de horas, la vista de la cordillera de la Costa y de los Andes ofrecían un escenario idílico de algunas chimeneas en invierno, contrastando contra la nieve cercana de las montañas. Otro tiempo que fue pintado por Fernando Laroche con una Alameda de las Delicias en 1900: otoñal de lluvia y viento. La Calle Ahumada, pintada por el ex director del Museo, Enrique Lynch, muestra una perspectiva de adoquines y rieles de tranvía que alcanzan hasta la Catedral y la Plaza de Armas. Las personas parecen desplazarse sin prisa por las calles, entre los carruajes y carros.
Cien años después Bernardita Vattier propone un nuevo “Ejercicio de Colección”: actualizar el diálogo entre ciudad, la calidad de vida y sus habitantes. La referencia son las pinturas, pero su obra surge desde la propia escala de quien vive y padece los defectos de la ciudad congestionada en otoño e invierno. Una especie de bruma que se apodera del paisaje y comienza a suavizar los bordes, un cierto desenfoque de la mirada producido por la polución ambiental, que sin duda establece un contrapunto directo con las pinturas. Ahora, es la gráfica la que se apodera de la imagen, ya no es el color de la pintura, es el gris y negro que Bernardita Vattier extiende sobre la superficie del mismo papel que es utilizado en los filtros de aire domésticos. Ese filtro progresivamente se va impregnando de la bruma santiaguina para impedir los ataques de asma de muchas personas. La nitidez de la mirada, coincide con la nitidez del aire que respiramos, por lo tanto, a mayor bruma, mayor contaminación, mayor opacidad del aire.
Al centro de la sala se expone el contrapunto de las imágenes...es el volumen generado por la acumulación de 200 filtros de aire juntados desde el año 2000. Estos filtros establecen la tensión con las obras del perímetro: por una parte, señalan su distancia respecto del cromatismo de las pinturas y por otro lado, son la materia prima con la que la artista ha trabajado. La ironía es ver convertidos los filtros en un objeto de museo, no para reedificarlo, sino para señalarlo y recordar, desde su archivo, cómo la artista nos hace reconocer una realidad que por cotidiana y común no la percibimos. Un ejercicio de la mirada para establecer ahora la Alameda y la Calle Ahumada, no como una imagen del pasado, sino como una utopía.
Sobre Bernardita Vattier….
“Cafarnaún de la escoria” dijo alguna vez Walter Benjamín, bautizando los desechos de la ciudad. El paisaje se vuelve desolador. Prima, en reinado absolutista, la carcoma. Libro de Horas de esta ciudad envenenada. ¡Sus!, ¡Santiago y a ellos! Polvo ambiental que se convierte en partículas malignas. La instalación de estas muestras vivas que lleva a cabo Bernardita Vattier nos conduce a lo terroso, al embrión del fracaso de los muros defensivos, al orden oleaginoso que nos abate. Dibujos, filtros y fotografías. Un itinerario interior, especie de viaje a un mundo semipalustre que nos lleva a imaginarnos instalados sobre la tierra en el Día de los Reptiles.
Día de la grisalla, fervor de las penumbras interiores. ¿Qué podemos hacer? No hay ciudadanía que valga. Revolvernos, mezclándonos en la pendiente, antes o después de que pasen los buses, los aviones, el ánima de los vertederos, el orden metafórico de las grandes chimeneas que anuncian el fin del paisaje planetario. Nuestra mirada, puesta en los filtros, se torna artificial. Habitamos un sitio que ya no es otra cosa que un pensamiento postagrícola. El árbol deja su lugar a un chuzo frío que cava en nuestros cuerpos.
Apocalipsis casi todos los días, en cuanto uno toma una ruta de los jinetes del Apocalipsis. Jugamos el ajedrez que nos va proponiendo la Muerte como una partida en la cual ya no tenemos fuerzas para mover las piezas. ¡A abandonar los plácidos placeres del pensamiento! El ínfimo abanico de posibilidades prescribe un saber: ya no hay lugar para nosotros. El guardarropas está vacío. Y sin embargo, permanecemos aquí, nos dejamos avasallar. Somos los creadores de esta geografía inhumana en donde habitamos. Bernardita nos muestra el espejo que somos. No digamos que no nos lo advirtió desembozadamente. ¿Qué haremos nosotros, los espectadores?
Alfonso Calderón
Fuente: MNBA |