Arte en Chile

:: FOTOGRAFÍA :: 2008

Paula Anguita en galería Bech/  La nave de los locos

Expositor: Paula Anguita
Lugar: Galería Bech (Alameda 123, Santiago, Chile)
Técnica: Fotografía
Fecha: 14 de agosto al viernes 12 de septiembre de 2008
Horario: lunes a viernes de 10:00 a 18:00
Informaciones: 639 26 24 – 639 77 85, www.culturalbancoestado.cl

El próximo miércoles 13 de agosto, se inaugurará en Galería BECH, la exposición LA NAVE DE LOS LOCOS, de Paula Anguita proyecto que recientemente se ha adjudicado el FONDART Nacional 2008.

El contenido de esta propuesta gira en torno a dos conceptos que despliegan un múltiple juego de asociaciones entre sí; el primero vendría a ser la nave que transporta a los locos; y el segundo, a personajes con diferentes caracteres de locura.

Para esto, la investigación de Paula Anguita se ha basado en el libro que el suizo Sebastián Brandt publicó en 1494, Narrenschiff, cuya traducción al latín fue Stultifera Navis, y que en español equivale a La nave de los Locos. La obra, narrada por la locura misma, aborda de modo satírico la vida de 111 personajes representativos de la sociedad de entonces, todos ellos insensatos, quienes se embarcaban en un viaje hacia la Tierra de la Locura. 

Los medios técnicos empleados para el desarrollo de la muestra LA NAVE DE LOS LOCOS, son imágenes provenientes de libros y postales antiguas, algunas de ellas, fotografías anónimas que muestran o representan al loco o a la nave en cuestión. Estas imágenes son intervenidas de tal forma, que logran un efecto 3D, u holográfico. La tonalidad de las imágenes, casí todas en un tono sepia, remiten en cierta forma, a un estado anterior, pasado y poético a la vez.

El trabajo que realiza Paula Anguita con estas fotografías es  producirles un quiebre crítico en la imagen, en que la quietud de esta se ve alterada por su ruptura, y así desemboca en su continua fragmentación ya que la visualización completa de la obra, sólo es posible, mediante el movimiento físico-ocular del espectador. Los trabajos se visualizan de varias perspectivas, según el movimiento a seguir del espectador teniendo diferentes lecturas dependiendo de dónde se le mire.

«Por una parte, prácticamente posee una eficacia indiscutible; confiar el loco a los marineros es evitar, seguramente, que el insensato merodee indefinidamente bajo los muros de la ciudad, asegurarse de que irá lejos y volverlo prisionero de su misma partida. Pero a todo esto el agua agrega la masa oscura de sus propios valores; ella lo lleva, pero hace algo más, lo purifica; además, la navegación libra al hombre a la incertidumbre de su suerte; cada uno queda entregado a su propio destino, pues cada viaje es, potencialmente, el último. Hacia el otro mundo es adonde
parte el loco en su loca barquilla; es del otro mundo de donde viene cuando desembarca. La navegación del loco es, a la vez, distribución rigurosa y tránsito absoluto» [Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica I, p. 25].
Paula Anguita (1978), es Licenciada en Artes, mención gráfica, Universidad Finis Terrae, (2000). Estudió gráfica en el Instituto Quasar en Roma, Italia (2003 – 2004). El año 2007 realizó el Taller de Arte a cargo de Eugenio Dittborn. Actualmente realiza el Magíster en Arte Visuales en la Universidad de Chile
Entre sus exposiciones colectivas destacamos: Concurso de Arte Joven, Instituto Chileno Norteamericano y Sala el Farol, Valparaíso, (2001), Enseguida Vuelvo, exposición junto a Pedro Tyler, Centro Cultural de Estaña, (2003), Una vez fue, muestra individual en el Instituto Profesional Alemán Wilhelm von Humboldt (2003), Pulsión, exposición individual, Goethe Institut, (2006)
Recientemente ha recibido la Beca FONDART para la realización de este proyecto.

La nave de los locos
"Tout est dangereux ici-bas, et tout est nécessaire"
Voltaire

La obra de Paula Anguita, tematiza (es decir, des-naturaliza) la mirada. Más precisamente, la materializa, poniendo de manifiesto su dependencia de esa tercera dimensión, el espacio, de la cual la perspectiva tradicional, simulándola, quiso prescindir. En efecto, para que la obra de Paula Anguita se constituya como tal, es necesario que el observador no sólo se instale enfrente y ejerza la interpretación como un observador puro y desinteresado, sino que se desplace, poniendo en juego su cuerpo. Con este mínimo gesto, las imágenes expuestas pierden su confortable unicidad: el plácido crucero, navegando sobre aguas tranquilas, se parte en dos, naufraga; súbitamente, es la Stultifera Navis, la Nave de los Locos que quizás siempre, por otra parte, fue.

La locura y el viaje son temas recurrentes en el trabajo de Paula Anguita. De esta manera, y estoy pensando en obras como la misma que da el título a la muestra, o en Der Verrückte (El Loco), un viejo tema resurge. La vida en tierra firme, bajo la mirada benevolente de Zeus, encarna el comportamiento racional; el mar, en cambio, bajo la jurisdicción de Poseidón, el dios que sacude la tierra, representa lo imprevisible: la anarquía, la desorientación, el naufragio, la locura. Hans Blumenberg, filósofo del siglo XX, prestó especial atención a las metáforas en torno a las cuales organizamos nuestras vidas. Y escribió un breve ensayo dedicado a la figura del naufragio (Naufragio con espectador). Registra allí la atávica desconfianza que suscita el humano que confía su frágil existencia a tan caprichoso elemento. Leyendo a Hesíodo (o el Apocalípsis de Juan, que anuncia un reino mesiánico en el cual “ya no habrá mar”), Blumenberg concluye: “El mar cae bajo la jurisdicción de poderes y dioses que con la mayor tenacidad se sustraen al ámbito de las potencias determinables. Del océano, que rodea los límites del mundo habitable, proceden los monstruos míticos más alejados de las figuras conocidas de la naturaleza y que no parecen ya comprender al mundo como cosmos.”

Habitamos, en efecto, un cosmos. Es decir, un mundo amoblado de objetos familiares, que parecen existir de suyo. No obstante, hay instantes en los cuales esta confortable familiaridad se disuelve: instantes en los que nos es dado sospechar que esa solidez es meramente ilusoria, y que lo que tomamos por duro (hard facts!) y substancial, no es sino el resultado de una lenta, muy lenta sedimentación de los hábitos que nuestro inevitable comercio con el mundo impone. Esta sedimentación tiene lugar en nuestros sentidos; finalmente, cristaliza en conceptos y palabras: verdades cuya historia profana hemos olvidado. Verdades: “éste es un perro”; “éste es un árbol”; “éste un hombre”; “ésta, una mujer”. No obstante, enseña Nietzsche, “las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal.” (“Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”).

Por cierto, en pleno siglo XXI, la transmutación de una imagen en otra, mientras nosotros estamos cómodamente sentados en el cine, no parece tener ya nada de particular. No obstante, 24 veces por segundo la imagen se va a negro; por un azar de nuestra fisiología, percibimos ese parpadeo monstruoso como si fuera pura continuidad. En el cine, también en la TV, y más aún en las contemporáneas artes digitales, la técnica muestra, así, su parentesco con la magia, con el ilusionismo; lugares tan high-tech como el Media Lab, del MIT, o el ZKM, de Karlsruhe, desprenden un tufillo de feria.

En cambio, en ésta, su Nave de los Locos, Paula Anguita opta por una técnica deliberadamente arcaica: de esta manera, el espectador se ve enfrentado a aquello que las tecnologías sofisticadas, con sus interfases “amistosas” intentan vanamente ocultar. En efecto, al pasar frente a las obras que aquí presentamos, hay un momento (la falla, el glitch) en el cual las imágenes pierden inquietantemente su definición: asistimos, entonces, aunque sea por una sola vez (y no hay más que una sola vez) al raro espectáculo de una imagen en el instante de su licuefacción (¿o debiera decir mortificación?).

Escribe Borges: “Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio, firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sin razón para saber que es falso”. (“Avatares de la Tortuga”).

“Eternos intersticios de sin razón”. La Nave de los Locos, de Paula Anguita, con su cargamento de monstruos, pudiese ser uno de ellos.

Eduardo Sabrovsky
Julio 2008.

Fuente: Paz Carvajal, Coordinadora Galería BECH

“La nave de los Locos o de los necios (en el original alemán, Das Narrenschiff, en su traducción latina, Stultifera Navis) es una obra satírica y moralista publicada en Basilea en 1494 y escrita por el teólogo, jurista y humanista conservador de origen alsaciano y cultura alemana Sebastian Brant (o Brand).
Es una sucesión de 112 cuadros críticos (el número puede variar dependiendo de las ediciones) acompañados cada uno con un grabado, en los que Sebastian Brant critica los vicios de su época a partir de la denuncia de distintos tipos de necedad o estupidez.” ("La nave de los necios." Wikipedia, La enciclopedia libre. 3 abr 2008, 18:06 UTC. 17 jul 2008, 16:06 http://es.wikipedia.org/w/index.php?title=
La_nave_de_los_necios&oldid=16335193
).

 

Término común en la jerga computacional, se usa para designar fallas imprevisibles. Es sugerente su etimología: del alemán glitschig, que significa “resbaloso” (así como la piel de un monstruo).