Pablo Chiuminatto, Nury González, Josefina Guilisasti, Mario Navarro y Bernardo Oyarzún en la 29º Bienal de Pontevedra, España / OFF/ FORA
Con el apoyo de la DIRAC (Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería), cinco destacados artistas visuales expondrán sus obras en la 29º Bienal de Pontevedra, que será inaugurada el 13 de julio próximo. El certamen es considerado en la actualidad como una de las plataformas internacionales más importantes e influyentes en el circuito del arte contemporáneo.
A través de las obras de Pablo Chiuminatto, Nury González, Josefina Guilisasti, Mario Navarro y Bernardo Oyarzún, Chile se hará presente por primera vez en la Bienal de Pontevedra, el certamen más antiguo de España , cuyo origen se remonta al año 1969.
OFF/ FORA: Movimientos Imaginarios entre Galicia y el Cono Sur, es el título escogido para esta versión, que tiene la particularidad de postular por primera vez el diálogo entre artistas de Galicia y artistas de Argentina, Chile y Uruguay. De esta manera, Off / Fóra, es la primera Bienal europea que concede una importancia preponderante a Latinoamérica y, en especial, al Cono Sur.
Off / Fóra, propone como eje central, explorar e indagar acerca del tema de la emigración como fenómeno global, sociológico, histórico, cultural y psicológico. Para ello fue que se escogieron artistas de Argentina, Chile, Galicia y Uruguay, por considerarse estos territorios como representantes de los problemas del ser contemporáneo en un mercado trasnacional, que tiene como protagonista al migrante. Off / Fóra ahonda en cómo se constituye el sentimiento de pertenencia, raíz o localidad, y cómo se problematizan las ideas de nación y tradición. Asimismo se centra en la situación del emigrante o exiliado, y otorga una importancia primordial al poder de la imaginación como fuerza positiva del sujeto que le permite proyectar un movimiento cotidiano y visualizar la existencia de un mundo propio por venir.
La selección de los artistas chilenos estuvo a cargo de la Comisara General del evento, la argentina Victoria Noorthoorn, quien contó con la asesoría de la especialista en artes visuales Cecilia Brunson.
En palabras del Director de DIRAC, Emilio Lamarca, “para el Ministerio de Relaciones Exteriores es un orgullo que Chile esté presente en un espacio de reconocido prestigio como la Bienal de Pontevedra, que sin duda constituye una gran oportunidad para insertar el imaginario artístico de nuestro país, en los diálogos y problemáticas que en la actualidad se están debatiendo en los círculos culturales internacionales. Asimismo se instaura como una instancia de acercamiento e intercambio entre los países y sus artistas”.
Obras Chilenas según la curadora general Victoria Noorthoorn.
El viaje de la ficción
La instalación de Mario Navarro (Chile, 1970) abre una puerta de acceso a un comentario profundamente crítico sobre la historia contemporánea de su país. La obra se basa en un comic de terror norteamericano “La laguna del ahogado”, que relata la desaparición del maléfico esqueleto de una bruja en las aguas de una laguna. Aquí, el comic, transformado en mural, define un espacio de viaje que se convierte en metáfora de una de las historias de terror de la dictadura chilena: las desapariciones de personas en el océano Pacífico. El relato del comic se conecta con una serie de objetos rojos sobre el piso, semejantes a boyas, mediante una cuerda roja con carteles que actúan como notas al pie estableciendo la relación con la historia real. El texto del mural, a primera vista leve, jocoso y banal, cobra así una densidad totalmente impensada.
Ficciones de retorno
La relación España-Sur de América está marcada por una gesta colonizadora, formalmente superada por las declaraciones de independencia a lo largo del siglo XIX. Una mirada posible, desde la perspectiva de la fantasía y la imaginación crítica a esta historia, pregunta por la posibilidad de su reverso. ¿Cuál sería el gesto anticolonial por antonomasia? Y, en un giro de humor y provocación imaginativa: ¿Cómo sería colonizar Pontevedra? Las propuestas son diversas:
Entre éstas se ubica el viaje propuesto por Pablo Chiuminatto (Chile, 1965) en sus pinturas. A primera vista minimalistas y puras, el blanco de Chiuminatto se impone como presencia. A partir de un primer momento de encandilamiento, se suceden, uno tras otro, sus paisajes. Cada uno retoma la visión sobre el paisaje chileno que tuvieron los Pintores Viajeros durante el siglo XIX, quienes se encargaron de representarlo según sus propias geografías imaginarias: como extensiones abiertas, sierras bajas y llanuras –en imágenes que difieren de las notorias costas y del muro cordillerano que son las marcas salientes de Chile. Chiuminatto se apropia de esta mirada extranjera que marcó la tradición del paisaje pictórico en su país, y la devuelve transformada en paisaje mnemónico, que se desvanece palpable en la sobre-exposición y la sobre-saturación de la imagen. Ubica al paisaje entre la disolución de la imagen cultural (construida por la mirada europea) y la disolución de la imagen topográfica (fundada por la mirada “latinoamericanista”), y opone, en cambio, la migración del concepto. Estas obras fantasmales dan cuenta de las posibilidades de traslación del concepto de paisaje en tanto acto de identificacion con un lugar, y ofrecen un vacío donde el observador proyecta su propio imaginario.
En las pinturas de Josefina Guilisasti (Chile, n. 1963), estamos frente a un viaje afectivo y un retorno iconográfico. Guilisasti ha decidido centrarse en el pequeño objeto cotidiano que acompaña al viajero en su tránsito, elección que no obstante mantiene una fuerte carga histórica. Pues los elementos en sus pinturas son citas de bodegones de Fernando A. de Sotomayor, pintor que viajó desde Galicia a Santiago de Chile en 1908, donde fue director y docente de la Escuela de Bellas Artes. Permaneció allí sólo siete años, suficientes para marcar a toda una generación de pintores chilenos. Su impronta significó una ruptura con el romanticismo francés, rescatando, en su lugar, el valor de los temas costumbristas. En las pinturas de Guilisasti, el objeto menor y secundario de la naturaleza muerta tradicional se convierte en protagonista. La artista encuadra y rinde homenaje a estos elementos comunes -vasijas, platos y jarros- que pueblan el silencio de sus naturalezas muertas, al tiempo que los
viene a ofrecer, de vuelta a Galicia.
Movimiento y peregrinación
El viaje mnemónico también se inicia a partir de documentos. Es el caso de Nury González (Chile, 1960), quien recrea su propia experiencia autobiográfica a partir de fotografías, declaraciones y cartas. Su propuesta confronta dos historias: El mercado negro del jabón, que relata la experiencia de viaje de su madre emigrando junto a su abuela desde Mequinenza (via Francia a Santiago de Chile en 1940) y Sic Transit, su propia experiencia de retorno posibilitada por esta Bienal, ahora en posesión de su nacionalidad española. Su puesta en escena recupera estos relatos y objetos personales, para resignificarlos. Interviene el espacio del recuerdo mediante textos tipografiados, insertando en esa trama un espacio ficcional. Y asimismo, recupera el acto del bordado: “En esta casa, mi abuela nos enseñó todas las técnicas tradicionales del bordado –le point de tige, de chausson, de croix ou l’épine- […] labores cargadas de una economía de guerra, donde nada se pierde, todo se transforma.” Su obra interroga la construcción de la propia identidad con una poética que relaciona la austeridad, la reutilización y el gesto femenino del bordado, aquí realizado directamente sobre el muro, el límite interno del hogar.
Señalamiento y tensión
La memoria permite la construcción de la autobiografía. Así lo establece Bernardo Oyarzún (Chile, 1963) en su crítica a la sociedad que lo rodea–sociedad que, según el artista, se empeña en renegar de sus propios orígenes étnicos. Las obras de Oyarzún nos confrontan con el prejuicio frente al indígena y con las alteraciones forzadas que ha sufrido su propio paisaje nativo. A partir de estas reflexiones, el artista (emigrado desde la Décima Región de Chile hacia la ciudad de Santiago) desarrolla una nueva versión de su obra Trabajo Forzado (2003). En esta gran instalación, Oyarzún incorpora elementos metafóricos que remiten a la vida de su padre carpintero, emigrante como él. La instalación combina una estructura de madera de tabiquería originalmente construida por su padre; una retroproyección donde puede observarse a su padre construyendo dicha estructura en tiempo real, simulando un día de trabajo en la obra; y una inmensa montaña de clavos que impide la visión total de la puesta, que remiten a la acumulación de materal utilizado durante su vida laboral-. En esta obra Oyarzún realiza un señalamiento, un llamado a la memoria, sobre el desgaste físico de su padre en su condición social.
Fuente: Macarena López |