Arte en Chile

:: FOTOGRAFÍA :: 2005

Francisco Bustamante Gubbins en la Galería de Arte Patricia Ready /  "Yo, Madre”

Expositor: Francisco Bustamante Gubbins
Lugar: Galería de Arte Patricia Ready (Av. La Dehesa 2035, esquina El Rodeo, Lo Barnechea)
Técnica: fotografía, pintura, técnica mixta
Fecha: 19 de octubre al 26 de noviembre de 2005
Horario: lunes a viernes 10:30 a 20:00 hrs., sábado: 10:30 a 14:00 hrs.
Entrada: liberada

Influenciado por el reciente fallecimiento de su madre y como un homenaje a sus progenitores -ya que su padre murió hace algunos años-, el artista visual Francisco Bustamante nos presenta una interesante muestra que trata acerca de temas que nos invitan a reflexionar acerca de la vida, la familia y la muerte.

En ese sentido, toma un momento fundamental en la vida de sus padres reflejado en su matrimonio y trabaja 30 fotografías que interviene con óleo, acrílico, barniz, folias y láminas doradas, exacerbando ciertas situaciones presentes en ellas y obviando otras. Estas imágenes revelan además cierta influencia de la iconografía cristiana que el artista ha investigado.

También elabora una serie de autorretratos que de alguna manera, revelan su personal visión. A partir de una fotografía, realiza 18 variaciones de la misma imagen en el computador. Sobre cada una se hacen máscaras o tatuajes lineales con acrílico, otorgándole una aspecto variado, oscuro o  luminoso sobre las mismas.

Esta exhibición reúne pintura, técnica mixta y fotografía que ha desarrollado desde fines del 2004 hasta la fecha.

Asimismo, Bustamante utiliza la técnica mixta, en la que combina pintura al óleo sobre tela con láminas doradas y plateadas. El proceso de combinar estas láminas con el fin de iluminar el cuadro y luego aplicar el óleo por capas para ir oscureciendo la tela, permite que la luz -el dorado- “busque espacios” para salir entre la trama formada por el óleo, saturando el espacio y dando origen a interesantes texturas, con gruesas líneas de ese material.

                                      

FRANCISCO BUSTAMANTE GUBBINS
EDUCACION
Central St. Martins College of Art and Design Londres, Inglaterra.
Master in Fine Arts 2000-2001
Universidad Finis Terrae, Facultad de Bellas ArtesSantiago, Chile. Licenciatura en Artes, Mención Pintura, Titulado con distinción máxima 1992-1996
Colegio The Newland School Santiago, Chile.
Educación Básica y Media 1981-1991

EXPOSICIONES Y CONCURSOS
2005 Exposición individual, ‘Yo, Madre’, Galería de Arte Patricia Ready, Chile.
2004 Exposición individual, Pinturas, Galería Wu, Lima, Perú.
Exposición Individual, ‘Raw’, Steven Harris Gallery, New York, E.U.
2003 Colectiva, ‘Scenes in Perspective’, Artower Agora Gallery, Atenas, Grecia.
2002 Exposición Individual, Pinturas y Fotografías, Instituto Cultural de Providencia, Chile.
Exposición Individual, ‘Headache’, Arch 295 Gallery, Londres, Inglaterra.
Colectiva Ex Alumnos Central St. Martins, Londres, Inglaterra.
Exposición Individual, Galería Ana María Matthei, Chile.
Exposición Individual, Galería Montecatini, Concepción, Chile.
Concurso Nacional de Pintura ‘Valdivia y su Río’, Chile.
Exposición Individual ‘Si, Padre’, Centro Cultural Montecarmelo, Chile.
Colectiva, Museo de Arte Moderno de Chiloé, Chile.
Primer Premio, Concurso Centro Cultural Montecarmelo, Chile.
Colectiva de Cerámica, Plaza Mulato Gil, Chile.

EXPERIENCIA LABORAL
Ayudante Cátedra de Pintura, Universidad Finis Terrae, Santiago, Chile.
Profesor Cátedra de Artes Plásticas, Colegio San Joaquín, Renca, Santiago.

TEXTOS FRANCISCO BUSTAMANTE

NO, dice el ARBOL

El pájaro canta mejor en su árbol genealógico.
Jean Cocteau


Este mismo epígrafe utiliza Jodorowski en una de sus novelas, precisamente en esa que el eje principal está dado por el despliegue de la genealogía. Arquitectura de cruces que generan troncos, troncos que generan ramas, ramas que dan hojas, flores y hasta frutos, frutos variados, vivientes y dolientes, también escarificaciones en letras, en imágenes o simplemente llagas.
El árbol nacido de una mezcla, de un cruce, germina poco a poco entre el subsuelo, el suelo y el cielo; su levantamiento y explayamiento figurará, dará a ver las elegancias del crecimiento pero también del accidente, el error, la enfermedad, la muerte.
El árbol es un viviente por excelencia y en tanto tal él se presta particularmente a la exhibición significante. Será respecto entonces al árbol que intentare rastrear la savia, la resina gomosa que hilvana las obras con que Francisco Bustamante organiza su muestra.
Árboles, figuras de corteza, vegetaciones hirsutas, imágenes digitales (en sentido técnico y en su sentido matriz, de huella irremplazable de retrato). Y fotos de familia, fotos de la alianza litúrgica de los padres, es decir de aquello que oficializa el cruce que devendrá tronco, ramas, hoja, sobre esas fijaciones fotográficas la intervención no escatima vigor, inundando, cercenando, velando o develando las escenas al arbitrio de uno o varios sentidos. Todo ello constituirá lo que nos es dado a la mirada, a la asociación, a la memoria, todo eso, me parece, es lo que Francisco Bustamante instala ante nosotros, espectadores citados a la obra.
Una posible lectura de estas imágenes podría consistir en afiliarlas respecto a una figura que enarbole en si, cadena y trama, repetición y salto. Esa figura me parece ser el árbol, un árbol que en la muestra aparece suficientemente equilibrado.
¿Que árbol podría ser? – Un árbol de sábana quizás, distinguible con precisión desde la lejanía, un árbol mítico, inmortal.
Por su simpleza entonces, tal vez en el principio fue este árbol, con mayúsculas – como se debe – Árbol simbólico, hereditario, que vale tanto para la historia de las cepas, el linaje, como para la ciencia y el saber.
Un viviente que se inscribe y que escribe y que es por tanto un sistema completo de clasificación.
El árbol de cada cual no clasifica sólo los individuos vivos y concretos venidos como fruto de parentesco, sino también y sobre todo las variedades, las especies, los géneros, es decir las familias de la herencia.
La historia natural de una familia es un saber lógico, una ciencia. El flujo hereditario es directo e indirecto. Directo cuando se trata de elección, de adhesión al padre o a la madre, o la mezcla de ambos. El flujo se desplaza, a veces se satura, otros se disemina, se fusiona o se mantiene en cierto equilibrio o en marcado estancamiento.
En el caso del flujo indirecto, este mostraría la influencia o el regreso, el árbol resiente la adhesión en las variedades por venir o bien se detiene, la savia regresa y se estaciona sea en una o en varias generaciones de distancia.
Este organismo vivo en pliegue o despliegue lo contiene todo y lo exhibe todo; - todos los casos de herencia habitan real o potencialmente el árbol, dándose con repetición, desvío, accidente pero siempre sin omisión, graficándolo todo.
Así, la combinatoria constante de lo mismo, es decir de la cepa y la diferencia se muestra ubicando al individuo. El tronco explica las ramas y éstas explican las hojas. A todas las relaciones parentales posibles se agregan todas las condiciones de posibilidad de las crías, cada una señalándose en una rama, en un mundo, en un brote.
Árbol matemático, el padre y la madre legándose a medias al hijo. Excediéndose, fallando, acertando o fracasando siempre y a la vez, así de generación en generación.
Este ramo de vida, de saber y de fuego se sumerge en la historia. La historia natural se propaga en la historia social, el árbol con sus raíces invade la tierra, con sus brazos y follaje ocupa el espacio y el tiempo.
La cima del árbol, ascensión e invención.
Los bajos del árbol, sus raíces descienden hacia lo húmedo, la arcilla, la gleba, el trabajo de los ancestros en el bajo vientre de la historia.
La vida de cada familia graficada en el árbol es la historia de todos, de la humanidad completa.
Cepa y diferencia, esos son los vectores reales y a la vez poéticos del árbol. Su cuerpo vegetal es recorrido de la raíz al último brote por la savia, ese líquido nutricio que es a la vez sangre, linfa, semen, ese licor recorre el árbol, hemorragiando al exterior cuando hay corte, herida, injerto. Accidentes de circulación donde la piel se abre para descongestionar, para bajar la tensión capilar del árbol.
Propongo pues, leer en la muestra la emblemática botánica de la cadena y la trama, la persistencia y el desliz.


No, dice el árbol, el dice no en el resplandor de su cabeza
soberbia.
Y que la tormenta trata universalmente como si fuese una
brizna de hierba.

Francesca Lombardo

Album Rojo

 “En la fotografía, el valor exhibitivo comienza a reprimir en toda la línea al valor cultual. Pero éste no cede sin resistencia. Ocupa una última trinchera que es el rostro humano. En modo alguno es casual que en los albores de la fotografía el retrato ocupe un puesto central. El valor cultural de la imagen tiene su último refugio en el culto al recuerdo de los seres queridos, lejanos o desaparecidos. En las primeras fotografías vibra por vez postrera el aura en la expresión fugaz de una cara humana. Y esto es lo que constituye su belleza melancólica e incomparable.”

Walter Benjamin

I. Album

Las fotografías familiares permanecían enclaustradas en tu álbum, o en marcos dispuestos sobre mesas y muros, pero siempre reservadas a la intimidad de la casa materna, expuestas a la mirada de los invitados en lo privado. Desmontarlas ha sido una primera subversión. Recuperadas para ser intervenidas según las posibilidades de su mecánica reproductiva, es decir susceptibles ahora de recibir infinitas intervenciones de tamaño, ampliación, contrastes, luces, etc., los retratos regresan desde tu memoria para rescribir su historia.

La restauración incompleta de las fotografías rehace pedazos de tus seres queridos. Has actuado sobre ellas en una primera instancia, siguiendo a W. Benjamin, como un cirujano, recomponiendo la materia de tu biografía familiar, de sus cuerpos, buscando en los nuevos recortes la base imaginaria que posibilitará la aparición de sus espectros.           
   
En la segunda fase del proceso, las intervenciones pictóricas sobre las fotografías desvirtúan los límites entre la obra fotográfica -cuyo original tiende a perder sentido- y la pintura, que restituye a tus fotos su condición de objeto único, irrepetible, y destaca “su aura postrera”. Con la pintura sobre la imagen fotográfica reivindicas la presencia fantasmal de tus seres queridos, recuperas los instantes vivos de la pose. Aquí has actuado como un pintor, mago, resucitador.      
 
Finalmente, exhibirlas en una galería transforma todo el proceso en un acto público, político. Con la exhibición en la galería subviertes la función original de la serie fotográfica destinada a un culto privado. La nueva posición expone todo tu pasado al ojo callejero y mediático. Ya no será posible privatizar las imágenes, el cuerpo de tu familia, ni el tuyo.
II. Santa Madre

Uno podría tener la desfachatez de verte en los retratos de tu madre, como si ellos fueran tus espejos, como si tú y ella fueran una misma figura y la foto recuperada de tu madre fuera tu propio retrato, uno del que como Leonardo con su Mona Lisa -su madre y él-, no puedes escapar. Porque no podemos escapar a nosotros mismos.  

En el retrato de tu madre invocas su espíritu y lo encarnas en ti. También regresas a ella y despliegas sobre su imagen -su materia-, un aura bisexual, dorada y roja. Te envuelves en ella, y te vuelves por ella virgen santa, ídola. Te exhibes en su aura bicolor: oro y sangre, santificación y sacrificio, cáliz, copa de oro y vino tinto. En la pintura de su aura, de su soplo, su luz espectral, te sacralizas y al mismo tiempo te mortificas.

Como hacemos con una reina, con una diosa: le damos todo y le exigimos todo. Nos somete y nosotros le imponemos los mil rigores de su envestidura. Por eso santificación y sacrificio están intrínsecamente unidos. Santificamos lo que sacrificamos. 

Has escarbado, arañado la piel de tu madre y te has travestido de su piel. Y la desnudez, su palidez, ha sido reemplazada o adornada por tu pintura, tatuaje de rouge que también sangra desbordándola. Y desbordándote la inmolas en tu rojo.

La serie de rostros de tu madre es la serie de tus propias caras. Tus varias máscaras y auras son también el viaje hacia la indistinción en el cuerpo y alma de tu mamá. Antes de ser uno, antes de Francisco, eres varios, variaciones obsesivas de tu identidad siempre incompleta. Siempre buscándote en ella.

III. Matrimonio de rojos
 
En la serie de fotografías que captan los momentos del matrimonio presenciamos también el rito del amor. Y tú descuartizas esta materia, la revientas, explotas la formalidad del rito para develar su pasión, vida y muerte. Envuelves la ceremonia en una capa roja. Presenciamos la fiesta que se viste, o tiñe de rojo, porque es una fiesta erótica.

Pero si el matrimonio también es un contrato mediante el cual se instituye la familia, y si la familia, en tu caso burguesa, es la base social, estructural de la dominación, en aquel matrimonio tu familia reinstauró el orden colonial, rayó las líneas hereditarias fijadas por los lazos sanguíneos.

Y tú has reventado los lazos que ese día se afirmaban, esas líneas de la propiedad privada que se sellaban en el oro y que se transmitió por la sangre. La misma que ahora pintas, arrojas, para desvestir el despliegue lujoso, formal y envolver todo en una bandera revolucionaria, también roja. Rojos como sus enemigos quedaron tus padres. 

Así es que enseñas tu historia, porque quizás tú llevas la historia violenta de Perú, de los ricos y los pobres, de los patrones y los sirvientes, y la colocas toda, toda esa batalla de siglos por el oro y toda la sangre por él derramada en la tela.
                                                    
Sebastián Reyes
MA Literatura Hispanoamericana Universidad de Pittsburg

Fuente: Galería de Arte Patricia Ready