Arte en Chile

:: FOTOGRAFÍA :: 2004

La Pausa del Tiempo

Expositor: Néstor Olhagaray

Lugar: Centro de Arte Cecilia Palma (Boulevar del Parque Arauco, Av. Kennedy 5413 local 467)

Técnica: fotografía

Fecha: 7 al 25 de julio

Horario: lunes a domingo de 10:00 a 22.00 hrs.

Entrada: liberada

Justo Pastor Mellado, curador de la muestra dice: Todo nace de una incursión fotográfica en una salitrera abandonada en las afueras de Iquique, Santa Laura. Néstor Olhagaray problematiza un aspecto sobre el que a menudo se omite en el trabajo fotográfico: la cuestión del tiempo. Se piensa, en general, que la temporalidad no tiene cabida en la fotografía. Sin embargo, su aparente modo de negarla a través del "congelamiento", producido por la instantaneidad de la obturación, en el fondo no hace más que exacerbar la noción de la temporalidad.
Néstor Olhagaray encontró en la oficina Santa Laura un espectáculo algo paradójico, de carácter ya proto-fotográfico . El tiempo se había detenido, "congelado". El espectáculo que le ofrecían las ruinas de la salitrera era el testimonio de un abandono del espacio.

Toda materialidad fabril había quedado a merced de los elementos, dejando que la merma instalara su condición de agresión permanente y progresiva. El tiempo, en este terreno, es sobretodo el tiempo de la corrosión. Podría decir, “el tiempo de la corrosión del tiempo”. Como si éste pudiera adquirir el carácter de la materia. El tiempo se hace materia en la fotografía. Por eso, en esa condición, se presenta como un tiempo suspendido que fragiliza la propia noción de presente.

Pero había algo más, el contexto donde se asentaba esta realidad, esta compenetración del tiempo y el espacio, suspendidos y aislados para la eternidad, era mimado, exactamente por el paisaje que los contenía: el desierto de Atacama.

Es así como primero se trataba de la historia de un fotógrafo seducido primero por el desafío de poder retratar el espacio correspondiente a esa dimensión de a-temporalidad. Pero había más testigos: el desierto, el viento, un chicote, una chimenea, etc. El desierto, como universo sonoro perceptible por la disposición dislocada de las ruinas. Las rendijas, las planchas oxidadas, las puertas batientes, los pasillos, estiran la propia percepción del tiempo. El chicote que cuelga del extremo de la chimenea, desde hace años, se constituye como un marca-pasos que impone un ritmo a la escena. Quizás el único ritmo que denota la detención del tiempo. Solo porque existe este contrapunto se puede dimensionar la detención. El chicote y su dimensión sonora es un marcador de memoria, un pulsador de presencia, que permite que el pasado se transforme en futuro por contemporaneización del presente.

Fuente: Centro de Arte Cecilia Palma