Arte en Chile

:: FOTOGRAFÍA :: 2004

Familia Chilena

Expositor: Erica Sánchez Doñas
Lugar: Sala Mariano Picón-Salas de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (A. José Pedro Alessandri 774, Ñuñoa)
Técnica: fotografía
Fecha: 1 al 30 de septiembre
Entrada: liberada

Las imágenes que nunca nos llegan.
(notas sobre proyecto familia de Erica Sánchez)

Tal vez el problema más complejo, desde un punto de vista conceptual y formal, que enfrenta el artista y la producción estética en el presente, es el ingreso creciente de medios tecnológicos.

Sin duda esta singular incorporación e intervención de materialidades y de dispositivos de creación visual provenientes de agenciamientos técnicos extraños al arte, ha causado un desequilibrio y una inestabilidad en las relaciones de sentido mantenidas por la forma y el contenido, pero más aún, yo diría, a impuesto a la praxis artística una velocidad simbólica impensable, haciendo de la imagen un asunto de vaciamiento y desaparición.
Claramente el significante medial se moviliza en micro temporalidades que no encuentran en la existencia del sujeto equivalente ontológico alguno, sin embargo sus consecuencias figurales, al parecer, ejercen sobre éste un poder de seducción que no tiene referentes fuera de su performance funcional.
Esta suerte de política virtual cerrada sobre sí, que envuelve fantasmáticamente nuestras subjetividades, estandarizando conductas y modos de ser y del ser, es lo que debiera pensarse en el momento de asumir la tecnología como tema y medio de expresión, creando instancias de retardo y retraso crítico que permitan nuevamente percibir la imagen en su plenitud fallida y sintomática; exponiendo de este modo los tic del cogito medial.

La obra de Erica Sánchez se instala justamente en este des-ajuste maquínico o psicoanálisis de la tecno-imagen, en cuanto su propuesta expone desde el uso de la fotografía digital un relato inconsciente y tartamudo (la familia chilena) en el cual lo visible se manifiesta a la manera de un teatro de sombras, recuperando el tenebrismo deformante y expresionista del contra luz.

En efecto, aquí la imagen en su perfecta nitidez se ve confrontada con un uso del significante medial que se moviliza en direcciones contrarias al efecto público y publicitario del tema expuesto, la familia por ende, signa el retardo, mas bien, emplaza al interior de los tiempos incorporales del código electrónico una fatalidad propia de los modos arcaicos de representación.
Por modos arcaicos de representación en la obra de Sánchez tiendo a entender el despliegue y uso de la luz en cuanto productora de mundos virtuales-rituales para el hombre, la densidad de su trabajo se debe específicamente a esta toma de conciencia o retorno del fenómeno figural y lumínico como soporte de una consistencia aureática.
En proyectos anteriores la artista ha explorado la productividad óntica de la luz como agente constructor de espacialidades arquitectónicas (suerte neo-vitrales in situ), creando situaciones fenomenológicas que problematizan el entorno desde su conversión en superficie o pantalla (mediatizando y virtualizando la experiencia de lo real), y también ha realizado diaporamas, en los cuales, la búsqueda de lo visual se dirige a crear secuencias de imágenes que recuperan mecanismos de animación y movimiento que pertenecen al universo de lo pre-fílmico. En ambas estrategias de puesta en visible podemos percibir su interés por intervenir el significante medial desde la inactualidad de técnicas entre comillas caídas en desuso: este gesto me parece clave en la medida en que permite generar atrasos en la transformación a contenido subjetivo de la imagen, logrando con ello impedir su rápida asimilación y consumo en fractales de información. No es extraño pensar que al asumir las posibilidades de los medios digitales Erica Sánchez introduzca siempre un factor de velocidad negativa, factor que al ser tratado al mismo nivel de perfección profiláctica de toda imagen digital, manifiesta un excedente que grama el aura de los cuerpos en su inmortalidad electrónica. Lo planteado entonces es hacer de la imagen digital un ícono, es decir, saturar de opacidad y deseo -haciendo inolvidable- aquello falto de espesor y gravedad.
“Proyecto Familia” da cuenta plenamente de dichos entrecruces críticos, pero a su vez problematiza asuntos de incumbencia social-mediática como son la identidad, el poder y los agenciamientos simbólicos en que estos contenidos se realizan. Para ello Erica Sánchez desarrolla un conjunto de fotografías en las que retrata a la familia en su entorno conductual, aquí lo que aparece no es un paisaje de sujetos, sino contrariamente, un cartografiado de gestos modelizados por el capital, me refiero a que lo expuesto al lente de la cámara no es la interioridad identitaria del otro sino justamente aquello abstracto que hace imposible todo intento de identificación colectiva. De esta manera lo familiar de la familia desaparece como dato de sentido, siendo reemplazado por una secuencia de fragmentos y parcialidades corporales (manos cruzadas, partes aisladas de un rostro, miradas etc.) que adquieren la densidad catastrófica de un evento sin contexto. La parte en efecto no establece correspondencia con el todo, así los sujetos figuran en un margen de incompletud semántica que los expone aún fuera del cuadro, que al interior de la obra, opera como un silencio existenciario. La familia por tanto no posee presencia, más bien, su presencialidad (su supuesta chilenidad) está clausurada y suspendida en un espacio de pura simulación, la familia es de este modo artefacto y dispositivo reproductor de una mismisidad inerte, una tecnología más al interior de un mundo donde las sensaciones y significaciones han sido congeladas, al ser expuestas a una velocidad que cada vez más nos confirma la progresiva disolución de nuestras dimensiones de afectividad.

Agosto 2004
Mauricio Bravo Carreño
Artista visual y docente de teoría, universidad UNIACC

Fuente: Erica Sánchez D.