Arte en Chile

:: FOTOGRAFÍA :: 2003

El mundo de Emilia

Expositor: Alvaro Larco
Lugar: Museo de Arte contemporáneo
Técnica: fotografía
Fecha: hasta el 18 de mayo
Horario: martes a sábado de 11:00 a 19:00 hrs., domingo y festivos, de 11:00 a 17:00 hrs.
Entrada: adultos $400, 3ª edad $300 y estudiantes $200

La fotografía es un arma de doble filo. Por un lado contamos con un instrumento de registro extremadamente preciso y neutro, y por otro, la mente e intencionalidad de un operador -autor- quien puede usar de manera dirigida tal instrumento. La historia de la fotografía expresa esta dualidad de manera ejemplar oscilando entre una visión que se vincula a la objetividad descriptiva, con otro extremo en el cual el autor hace desaparecer toda traza de visión compartida para expresar sus únicos y propios puntos de vista. Esta dualidad es uno de los aspectos más apasionantes de la fotografía, que la distingue de la creación puramente subjetiva (pintura) y también de instrumentos de registro independientes (termómetros, radares, etc.), para recrear de la manera más humanizada posible nuestra dimensión de realidad visual: la unión del ojo y la mente.

En "El Mundo de Emilia", Alvaro Larco utiliza su cámara como registradora de un evento al cual le sigue la traza: la incorporación gradual de su hija recién nacida Emilia al mundo de los símbolos culturales de nuestra sociedad. De manera casi invisible, o mejor dicho normalizada, la cámara nos va poniendo en la piel de Emilia y nuestra mirada se va transformando en "su" mirada.

Al ir ingresando en "El Mundo de Emilia" un poco a la manera de "candid camera", lo que ocurre es que vamos siendo confrontados a una evidencia repetitiva que se transforma en una constatación: en el mundo de Emilia aún no hay valores ni transcriptores para decodificar las acciones u objetos de nuestros semejantes. Emilia, dicho sin amago de siutiquería, es inocente. Inocente en el sentido que ve, pero no entiende lo que ve y nosotros que vemos y entendemos, somos espectadores de ambas visiones gracias a las puestas en escena de Alvaro Larco.

Lo interesante de este proyecto -que se desarrolló por más de un año de manera sistemática-, es que nos permite enfrentarnos a símbolos y códigos bien conocidos por nosotros, pero mediatizados por la inocencia de Emilia. La manera que encontró Alvaro Larco para presentarnos el país, es ciertamente hábil pues ingresa en sus registros una medida universal. Medida que todos aceptaremos como neutral ya que son los ojos inocentes de Emilia.

Nos vemos confrontados a una suerte de "performance", realizada en diferentes situaciones y lugares, registrada de manera similar, lo que nos hace reflexionar sobre algunas cosas interesantes. Lo primero que constatamos es tal vez el reconocimiento de lugares comunes a nuestra cultura chilena. Pasado el primer impacto anecdótico, empezamos a darnos cuenta del por qué tales eventos nos parecen descarnados. Nos percatamos que es la presencia de Emilia la que lleva todo a una dimensión particular: al no contar con su complicidad del entendimiento, rebaja tales actos y objetos a su mínima expresión. Esta desnudez es curiosa, pues al acostumbrarnos página tras página a su presencia, son finalmente los personajes y los objetos los que nos parecen puestos en escena y no ella misma (como es el caso). Emilia deja de ser un elemento incongruente para transformar a los demás, gracias a su mirada desintencionada, en personajes incongruentes.

Sin embargo no todo es una sátira a la sociedad chilena, no todo parece absurdo. Como las cosas se miden con la mirada de Emilia, algunas cosas sobresalen positivamente y otras parecen francamente grotescas. Es una manera de mirarnos en un espejo, que bien podría ser el espejo de la verdad, donde riqueza, belleza, arrogancia, pobreza, seriedad, no cuentan como los valores fundamentales y si alegría, simpatía, generosidad y afección. El proyecto se lee evolutiva y reflexivamente; de lo divertido que es darse cuenta que Emilia no entiende a los mayores, vamos pasando al cuestionamiento de la certeza de que lo que hacen los mayores tenga algún ápice de cordura. Es un proyecto sobre las verdades relativas, donde la cámara es usada con fines de registro de una instalación viviente de una Emilia transformada en "artefacto" de medida para nuestra particular sociedad.

"El Mundo de Emilia" es un juego de reflejos. Unos y otros se miran a los ojos y al mirarse a veces se transforman, aunque sea por un instante. Es interesante saber que en Santiago es casi imposible fotografiar en los lugares público/privados, tales como malls, tiendas, instituciones, condominios y supermercados y que Alvaro Larco pudo hacerlo abiertamente al contar con la participación de su hija. Su inocencia le abrió las puertas del país -según la famosa encuesta-, más desconfiado de la tierra. Luego de repasar todos los escenarios a que nos vemos confrontados a través de este trabajo, es ciertamente la inocencia de Emilia la que termina imponiéndose. Cabe tal vez la pregunta: ¿Será que nos estamos pasando un poco de listos?

El recurso Emilia ha sido una idea brillante para resolver el problema de la subjetividad que rodea al autor. Emilia nos permite mirarnos de manera ineludible pues todos fuimos niños, todos fuimos un día inocentes y la ciudad que estamos construyendo se aleja a pasos agigantados de ello. Tal vez la última inocencia que nos va quedando es la de habernos entregado, en toda confianza, a una modernidad ajena, que de ningún modo entendemos ni controlamos.


Doifel Videla
Fotógrafo

Museo de Arte Contemporáneo