El
mundo de Emilia
Expositor:
Alvaro Larco
Lugar: Museo de Arte contemporáneo
Técnica: fotografía
Fecha: hasta el 18 de mayo
Horario: martes a sábado de
11:00 a 19:00 hrs., domingo y festivos, de 11:00 a 17:00
hrs.
Entrada: adultos $400, 3ª edad
$300 y estudiantes $200
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La
fotografía es un arma de doble filo. Por un lado
contamos con un instrumento de registro extremadamente
preciso y neutro, y por otro, la mente e intencionalidad
de un operador -autor- quien puede usar de manera dirigida
tal instrumento. La historia de la fotografía
expresa esta dualidad de manera ejemplar oscilando entre
una visión que se vincula a la objetividad descriptiva,
con otro extremo en el cual el autor hace desaparecer
toda traza de visión compartida para expresar
sus únicos y propios puntos de vista. Esta dualidad
es uno de los aspectos más apasionantes de la
fotografía, que la distingue de la creación
puramente subjetiva (pintura) y también de instrumentos
de registro independientes (termómetros, radares,
etc.), para recrear de la manera más humanizada
posible nuestra dimensión de realidad visual:
la unión del ojo y la mente.
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En
"El Mundo de Emilia", Alvaro Larco utiliza
su cámara como registradora de un evento al cual
le sigue la traza: la incorporación gradual de
su hija recién nacida Emilia al mundo de los
símbolos culturales de nuestra sociedad. De manera
casi invisible, o mejor dicho normalizada, la cámara
nos va poniendo en la piel de Emilia y nuestra mirada
se va transformando en "su" mirada.
Al
ir ingresando en "El Mundo de Emilia" un poco
a la manera de "candid camera", lo que ocurre
es que vamos siendo confrontados a una evidencia repetitiva
que se transforma en una constatación: en el
mundo de Emilia aún no hay valores ni transcriptores
para decodificar las acciones u objetos de nuestros
semejantes. Emilia, dicho sin amago de siutiquería,
es inocente. Inocente en el sentido que ve, pero no
entiende lo que ve y nosotros que vemos y entendemos,
somos espectadores de ambas visiones gracias a las puestas
en escena de Alvaro Larco.
Lo
interesante de este proyecto -que se desarrolló
por más de un año de manera sistemática-,
es que nos permite enfrentarnos a símbolos y
códigos bien conocidos por nosotros, pero mediatizados
por la inocencia de Emilia. La manera que encontró
Alvaro Larco para presentarnos el país, es ciertamente
hábil pues ingresa en sus registros una medida
universal. Medida que todos aceptaremos como neutral
ya que son los ojos inocentes de Emilia.
Nos
vemos confrontados a una suerte de "performance",
realizada en diferentes situaciones y lugares, registrada
de manera similar, lo que nos hace reflexionar sobre
algunas cosas interesantes. Lo primero que constatamos
es tal vez el reconocimiento de lugares comunes a nuestra
cultura chilena. Pasado el primer impacto anecdótico,
empezamos a darnos cuenta del por qué tales eventos
nos parecen descarnados. Nos percatamos que es la presencia
de Emilia la que lleva todo a una dimensión particular:
al no contar con su complicidad del entendimiento, rebaja
tales actos y objetos a su mínima expresión.
Esta desnudez es curiosa, pues al acostumbrarnos página
tras página a su presencia, son finalmente los
personajes y los objetos los que nos parecen puestos
en escena y no ella misma (como es el caso). Emilia
deja de ser un elemento incongruente para transformar
a los demás, gracias a su mirada desintencionada,
en personajes incongruentes.
Sin
embargo no todo es una sátira a la sociedad chilena,
no todo parece absurdo. Como las cosas se miden con
la mirada de Emilia, algunas cosas sobresalen positivamente
y otras parecen francamente grotescas. Es una manera
de mirarnos en un espejo, que bien podría ser
el espejo de la verdad, donde riqueza, belleza, arrogancia,
pobreza, seriedad, no cuentan como los valores fundamentales
y si alegría, simpatía, generosidad y
afección. El proyecto se lee evolutiva y reflexivamente;
de lo divertido que es darse cuenta que Emilia no entiende
a los mayores, vamos pasando al cuestionamiento de la
certeza de que lo que hacen los mayores tenga algún
ápice de cordura. Es un proyecto sobre las verdades
relativas, donde la cámara es usada con fines
de registro de una instalación viviente de una
Emilia transformada en "artefacto" de medida
para nuestra particular sociedad.
"El
Mundo de Emilia" es un juego de reflejos. Unos
y otros se miran a los ojos y al mirarse a veces se
transforman, aunque sea por un instante. Es interesante
saber que en Santiago es casi imposible fotografiar
en los lugares público/privados, tales como malls,
tiendas, instituciones, condominios y supermercados
y que Alvaro Larco pudo hacerlo abiertamente al contar
con la participación de su hija. Su inocencia
le abrió las puertas del país -según
la famosa encuesta-, más desconfiado de la tierra.
Luego de repasar todos los escenarios a que nos vemos
confrontados a través de este trabajo, es ciertamente
la inocencia de Emilia la que termina imponiéndose.
Cabe tal vez la pregunta: ¿Será que nos
estamos pasando un poco de listos?
El
recurso Emilia ha sido una idea brillante para resolver
el problema de la subjetividad que rodea al autor. Emilia
nos permite mirarnos de manera ineludible pues todos
fuimos niños, todos fuimos un día inocentes
y la ciudad que estamos construyendo se aleja a pasos
agigantados de ello. Tal vez la última inocencia
que nos va quedando es la de habernos entregado, en
toda confianza, a una modernidad ajena, que de ningún
modo entendemos ni controlamos.
Doifel Videla
Fotógrafo
Museo
de Arte Contemporáneo