Fotodigrafías
de Identidad
Expositor:
Juan Domingo Marinello
Lugar: Centro Cultural Estación
Mapocho
Técnica: Fotodigrafìa
Fecha de la exposición: 30
de abril al 15 de junio
Horario: martes a domingo 11:00 a 19:30
hrs.
Entrada: liberada
"Siempre
he tenido la obsesión de fotografiar fantasmas.
Por más de treinta años la cámara
fotográfica me ha sido un pretexto y pasaporte
para emprender viajes a muchos lugares. Es cierto que
la mayoría de las veces el viaje terminó
frente a un pote de margarina o el retrato de algún
ejecutivo. Muy tarde en tarde me condujo a espacios
y tiempos mágicos. Soy de aquellos perseguidos
por la lógica a los cuales la realidad casi siempre
esconde lo paranormal.
Como
todos los que nos dedicamos a este bello oficio, a lo
largo de nuestra vida profesional acumulamos una enorme
cantidad de fotografías incompletas, de ésas
a las que les faltó o les sobró algo.
Si bien es cierto que pertenecen a espacios y tiempos
diferentes, las herramientas digitales permiten unirlas,
recreando un tiempo y espacio propios del fotógrafo.
La
fotografía análoga, por otro lado, es
dependiente de tener enfrente un objeto o sujeto, en
consecuencia somos prisioneros de la "realidad".
No quiero negar el encanto y la magia del testimonio
documental, que realiza alquimias notables, uniendo
por su cuenta el tiempo y el espacio ante la presencia
de la cámara. Sólo quiero explorar las
alternativas de los múltiples mundos del archivo.
Durante
estos últimos años, más por obligación
que por amor a primera vista, he debido interiorizarme
del universo de la fotografía digital. Y me he
encontrado con lo que llamo "Fotodigrafía"
(o creo que fue "Digifotografía") es
una palabra diferenciadora, nacida en un lugar de Caracas
hace casi quince años. Fue creación casi
colectiva (asistida en su parto por algunas cervezas
con vocación de matronas), de participantes en
uno de esos Congresos que hacen catarsis para los que
amamos la fotografía; quiso ser un intento léxico
diferenciador del de "Fotografía",
para evitar la inevitable contienda. Hoy la entiendo
como útil advertencia para la lectura del espectador.
Quise, en mi caso, bautizar a estas imágenes
que, manteniéndose dentro de leyes visuales inherentes
al documental fotográfico, tienen algún
tipo de manipulación digital. Me parece un excelente
término para evitar la bizantina discusión
que se plantea entorno a la adulteración del
lenguaje ortodoxo del documento fotográfico.
Asimismo, las libero con este bautizo de la culpabilidad
del engaño.
Fotodigrafía me permite realizar viajes interiores,
en la geografía del propio archivo, uniendo tiempos
y espacios valederos en una percepción del autor.
En esta perspectiva plantea, si uno no sucumbe al artificio
de generar imágenes aleatorias, un interesante
metalenguaje al servicio de las particulares sensibilidades
de cada uno de nosotros que emprenda este viaje.
Les
he añadido el concepto de "identidad"
porque están fabricadas de mis propios fantasmas,
de los rincones que amo, de mis obsesiones y voyerismos
inocuos. Esta imágenes son en realidad autorretratos.
La
Fotodigrafía me otorga el privilegio de unir
los mundos sencillos, de poner en vitrinas de mi identidad
lo alejado del éxito y de la eficiencia que obliga.
Aquellos que permiten una siesta. Los que no tienen
el imperativo directo de saber cada hora el comportamiento
de la Bolsa de Tasmania.
En
el mundo real, es el tiempo, poderoso alquimista, el
que transforma las cosas, las dispersa o las reúne
en una feria persa cualquiera. En cambio, en estas fotodigrafías
fui yo el que reemplacé al duende de la "realidad",
buscando en la feria persa de mis archivos desechados,
desde donde provienen la mayoría de estas imágenes
reconvertidas.
El
resultado constituye para mí, una pequeña
muestra de realismo mágico no posible en el documento
tradicional. Varían según la rotación
de sus componentes. Me permiten ser un paseante asiduo
de estos archivos. Allí, transmutada, vuelvo
a descubrir mi niñez y mi adolescencia. Me entretiene
pensar en nuevos usos para estas imágenes que
la ortodoxia del lenguaje tradicional dejó en
la vera del camino.
Probablemente,
en el fondo todo sea una ingenua venganza contra el
río de la post modernidad. Yo quise, pues, rescatar
fotográficamente los paisajes, personas y objetos
que han sido parte de la pequeña historia de
mi existencia individual.
La
Fotodigrafía constituye, para mí y ojalá
que para otros, el poder realizar exorcismos para rescatarse
más allá de la propia y efímera
identidad particular. Quedan en estas imágenes
partes de mi ser adheridos al soporte fotográfico
deseando que perduren más allá de mi ciclo
vital, soñando que redescubiertas en un mercado
de libros viejos, vuelvan a conmover a otros iniciados
que traspasen la anécdota visual. Al completarse
el acto, algunos de ellos, aunque lejanos en el tiempo,
serán mis parientes cercanos, hermanos de espíritu,
cómplices en interpretar el mundo.
En
esta muestra presento parte de estas obsesiones, de
llenar ausencias con presencias activadas".
Juan
Domingo Marinello