Paula Lynch en Galería ANIMAL / Obras Recientes
Expositor: Paula Lynch
Lugar: Galería ANIMAL (Alonso de Córdova 3105, Vitacura)
Técnica: técnica mixta
Fecha: 23 de mayo al 17 de junio 2006
Horario: lunes 16:00 a 20:00 hrs., martes a viernes 9:30 a 20:00 hrs., sábado 10:30 a 14: 00 hrs.
Entrada: liberada
Informaciones: 3719090, info@galeriaanimal.com, www.galeriaanimal.com
Catorce obras sobre papel en gran formato conforman la muestra de Paula Lynch. A partir de un recurso tan simple como un lápiz de carbón opaco, Lynch cita imágenes como recuerdos o apariciones, creando efectos visuales de gran refinamiento y sofisticación.
Sobre los muros del taller de Paula Lynch, cuelgan una serie de extrañas imágenes impresas: son el archivo referencial de su obra. Se trata de exámenes médicos, múltiples vistas interiores del cuerpo realizadas con distintos procedimientos. Es lo que en Medicina se llama Imagenología: ecografías, órganos observados a través de un microscopio, scanners, radiografías... Entre los papeles se distingue un pequeño cuadro abstracto, de insólita belleza en sus formas y colores: es la imagen de un cáncer.
Afín a la sensibilidad del Bioarte –en el sentido de asumir la ciencia biológica desde un punto de vista crítico y estético-- Lynch traslada estas imágenes a un pensamiento artístico que nutre con nuevos registros de representación el tema del cuerpo humano y el misterio que éste encierra. Por una parte, reflexiona sobre el carácter de “retrato personal” que estas imágenes tienen: ¿Cuánto hay en ellas de la persona que así fue retratada por la tecnología médica? Y ¿cómo esa tecnología es capaz de convertir, dramáticamente, el carácter subjetivo de una vida en un dato neto y objetivo? Pero también estas imágenes permiten un movimiento inverso: partiendo del puro dato visual, Lynch lo descarga de su asociación mórbida para que, ante la mirada de un espectador, pueda aparecer simplemente como una imagen, desligada de sus orígenes médicos. Una imagen que, muchas veces, resulta atractiva y seductora.
Estos referentes son la “carne” de una figuración que llega a la obra de Lynch fantasmáticamente, traducidas a una técnica de sorprendente singularidad. A partir de un recurso tan simple como un lápiz de carbón opaco, Lynch cita estas imágenes como recuerdos o apariciones, creando efectos visuales de gran refinamiento y sofisticación. Así, por ejemplo, la estela de una ecografía constituye una especie de motivo visual subliminal en varias de sus obras. Y del mismo modo en que ella usa una técnica básica como el lápiz a carbón para llevarla al borde de sus posibilidades lingüísticas, también opta esencialmente por el blanco y negro, limitando al mínimo la paleta cromática pero, al mismo tiempo, explorando al máximo las infinitas gamas de luz y sombra. Se diría que Lynch, en el amplio sentido de la frase, “le saca punta al lápiz”.
A un nivel general, este proyecto puede leerse como un juego de tensiones: es la puesta en escena de la contradicción que dispara los múltiples sentidos que la animan. Muchos referentes desfilan en los escenarios bidimensionales que Lynch fabrica, pero todos ellos dan a parar, siempre, al lugar de una pregunta. Es como si lo que a Lynch le interesara fuera, precisamente, el placer del misterio y, por ello, hubiese escogido el arte como el lugar privilegiado de una pregunta que se renueva incesantemente. Sin duda, la artista no quiere arribar a una respuesta, y por ello insiste, obsesivamente, horas y horas, con el lápiz y la goma. Y cuando el lápiz consigue delinear una forma, viene la goma y la difumina y cuando el carbón tiñe de oscuridad el fondo, llega la goma a raspar para que algo aparezca, para insinuar una forma. Así se debate la imagen entre apariciones y desapariciones, hallazgos que se niegan a ser respuestas, afirmaciones que tan pronto se instalan se transforman en nuevas preguntas, planos de imágenes que se superponen, capas de pensamientos que se montan unas sobre otras, preguntas que generan otras preguntas.
En sintonía con el clima reflexivo de la obra, se plantea una ambigüedad recursiva entre figuración y abstracción. La figura aparece de pronto como sacada directamente del mundo, como si se tratara de una fotografía. Pero Lynch interviene esta imagen rigurosamente realista, la enrarece, la vuelve irreal. Y si la figura pareciera ser una afirmación objetiva, su desaparición instala el lugar de la duda. Es la subjetividad como pensamiento errante lo que está siempre corroyendo cualquier certeza. De modo que la figuración de Lynch no tendría que ver con una operación mimética, sino reflexiva.
En esta tensión entre afirmar y dudar, entre objetividad y subjetividad, entre la mano y el pensamiento, entre la figura, su borde y su desaparición, en esta paradoja se juega la obra de Lynch. Muchos de los exámenes visuales que Lynch utiliza en su archivo provienen de su propio cuerpo o de gente emocionalmente cercana. De este modo, Lynch hace una conexión estrecha entre el cuerpo, la biografía y la imagen. Detrás de esta operación nuevamente puede intuirse una mirada sobre el arte en la cual se confrontan subjetividad y objetividad, significado y significante, manteniendo la ecuación en un punto suspensivo sin que ninguno de los dos términos logre anular al otro.
Catalina Mena
Fuente: Galería ANIMAL |