Innombrable,
preferentemente Sin Título
Expositor: Claudio Correa
Lugar: Galería de
Arte Patricia Ready (Av. La Dehesa 2035, esq.
El Rodeo, Lo Barnechea)
Técnica: pintura,
técnica mixta
Fecha: hasta el 30 de abril
Horario: lunes a viernes
10:30 a 20:00 hrs., sábado 10:30 a
14:00 hrs.
Entrada: liberada |
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El
artista chileno Claudio Correa nos presenta la exposición
“Innombrable, preferentemente Sin Título”,
que reúne una serie de pinturas al óleo
y técnica mixta en variado formato, objetos
y un video -auspiciado por FONDART-, en el cual
incluye su reciente trabajo realizado en la Bienal
de La Habana a fines del año 2003. Este recopila
todas sus instalaciones, en las cuales interviene
espacios públicos y privados, vinculando
el arte con la vida urbana y la calle.
Correa
propone diferentes modos de narración, aludiendo
tanto a la historia de la pintura como a la historia
de nuestra nación, entregándonos una
nueva mirada personal que investiga y replantea
lo “ya conocido”, cuestionando la memoria
colectiva y lo enseñado tradicionalmente
en la historia del arte, basado en el criterio de
la subjetivización de los relatos.
EL
RUIDO TRAS EL MURO EN LA CAIDA DE LA PINTURA DE
CLAUDIO CORREA (Texto Catálogo)
Paulatinamente
la pintura de Claudio Correa se ha venido distanciando
del muro para darle la espalda e ir a situarse en
el suelo, sobre escalinatas, gruesas puertas antiguas,
aparatos sanitarios, hasta apropiaciones de lugares
de tránsito público para hacer tambalear
su propuesta, en vías de sintomatizar el
trastabilleo de un modelo que se clarifica en su
ambigüedad. Esta enumeración podría
llevarnos a pensar que este desplazamiento nos está
anunciando si no la muerte, el retiro de un oficio.
Pero sucede aquí que nuestro pintor, claramente,
necesita acudir o hacerse de otro relato, de informar
e informarnos de esta caída que a modo de
careo desjerarquiza las lecturas y anula con ello
la veracidad narrativa del original en la historia
de la pintura y la historia de Chile. Esta reinterpretación
tiene por motivo la crítica de la pintura
histórica, en particular la de batallas,
preocupándose de una mirada que disloca y
replantea la escena de la representación.
Y es así que observamos que en el muro no
se sostienen cuerpos, salvo cuando están
erguidos ahí, para ser registrados y abatidos
por la espalda, para luego reconstituir la escena
del crimen: es al piso de una mirada histórica
donde cae el corpus que comienza a dotar de espesor
al relato de la oficialidad de pintar, de filetearlos
en su contorno, en su última pose. Un ruido
de sucesivos temblores que nos irá cartografiando
la catástrofe. Esta categoría academicista
en relación al sentido épico es satirizada
en su carga política, en una poética
del espacio que se instala acorde a una ideología
de precisión: referentes visuales extraídos
de cuadros históricos propios de la tradición
pictórica chilena, como de la pintura universal
decimonónica que se entrecruzan con diversas
fuentes historiográficas provenientes de
los mass-media para adaptarse al rol de documentalista
no ilustrado, "apostando más por la
indiscreción y el riesgo del equívoco
que por las pretensiones de verosimilitud".
De hecho, el ruido de estos retratos / relatos realiza
su comparecencia en estas obras a través
de la inclusión de máquinas motorizadas,
recortes de prensa, grabaciones magnéticas,
extensiones objetuales dispuestas en comunes y corrientes
aparatos de línea doméstica, todas
dibujándonos la materia preambular de la
caída con la ceniza de un correlato histórico
sujeto a la intromisión de la pintura en
zonas vedadas, ahí donde surge la desarticulación
de aquel escenario representacional dispuesto para
"las grandes ocasiones".
Desde
la obra "Yo como la segmentación analítica
de un huaso" (1996), obra serial donde se multiplica
el autorretrato, pintados sobre tablas dispuestas
por detrás de los bastidores -que a su vez
fueron reciclados de entre los cuadros académicos
de su época de estudiante en la Facultad
de Artes, pasando por "Si pudiera lo haría
peor" (Muro Sur, 1998) hasta "Autosuficiencia"
(Octava Bienal de la Habana, 2003), instalada en
los baños públicos de la Fortaleza
de la Cabaña en Cuba, Claudio Correa nos
enfrenta a una mirada que desilusiona en la utilización
de la imagen reconocible y que en el fondo nos evidencia
un modelo de representación histórico
social en su ambivalencia, comparable al modelo
pictórico basado en acontecimientos de versiones
contradichas o poco claras (pequeñas batallas,
falsos enfrentamientos, etc.), en un gesto que anula
la misma imagen para transformarla en el gesto vacío,
que sólo nos evidencia el sin sentido del
motivo pictórico y a la vez el fracaso de
su grandilocuencia con la aparición victoriosa
de la nada.
Mario
Rissetti, enero 2004
Fuente:
Galería de Arte Patricia Ready