Carmen Fulle en la Galería de Arte de UNB en Brasilia / Vestigios de Leonardo
Lugar: Galería de Arte de UNB en Brasilia
Fecha: hasta el 18 de noviembre 2005
Más información: www.carmenfulle.tk
El Comité Organizador del Octavo Congreso Internacional de
Humanidades - Palabra y Cultura en América Latina "Herencias y Desafíos"
Presenta la Exposición de arte digital fotográfico: "Vestigios de Leonardo" de la artista plástica y fotógrafa chilena CARMEN FULLE, en la Galería de Arte de la Biblioteca Central de la Universidad de Brasilia (UNB).
Texto Catálogo
LAS ALEGORÍAS DIGITALES EN MANOS DE CARMEN FULLE
Existe un eslabón imperceptible entre Leonardo da Vinci (1452-1519) y la serie de obras digitales de Carmen Fulle. Se trata de esa preocupación de la representación humana caracterizada por lo de universal que posee lo individual, revelando los rasgos únicos, inconfundibles, del perfil anímico y enigmático que encierra la figura en el contexto de la máquina.
Leonardo aprendía de la Naturaleza para forjar el retrato humano dentro de un contexto ambiental con sugerencias aéreas del paisaje, como podemos apreciar en la más controvertida y famosa de sus obras, la Mona Lisa, por ejemplo, o en Santa Ana, la Virgen y el Niño, ambas en el Louvre. Todo el arte figurativo del Renacimiento propugna un humanismo libre que se expresa a través del retrato y una búsqueda de verdad que trasciende la realidad. Leonardo busca la “summa” en lugar del fragmento casual de la Naturaleza y al mismo tiempo aspira a la espiritualización de lo material, en una forma de captar la realidad para transformarla, recrearla, idealizándola. Para ello, maneja los materiales con la doctrina de las proporciones para establecer un canon ideal de las medidas del cuerpo, observando los estudios anatómicos para penetrar en sus funciones y particularmente, el juego de los miembros y el proceso orgánico de los movimientos, la perfección del cuerpo desnudo. Así, emerge en sus obras la predilección por las formas geométricas y estereométricas de composición elemental, como la circunferencia, el triángulo, la pirámide, pero, muy especialmente, la perspectiva lineal, un instrumento que le permite dar a la representación bidimensional una apariencia tridimensional.
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El Renacimiento, abierto a las cuestiones teóricas y experimentales permite miradas más audaces de la perspectiva, que van ampliando el concepto del arte y ofrece proyecciones insospechadas a la evolución estilística para enriquecer su función social y la temática hasta niveles de abstracción: el paisaje como reflejo del estado de ánimo de los personajes, la mitología, la historia antigua y la alegoría. La alegoría (“decir de otro modo”, del griego), buscaba representar en imágenes, ideas y conceptos abstractos, sirviéndose de la personificación. En el caso de Leonardo, la alegoría a veces constituye el tema principal, el único objeto a través de una figura única, como bien ilustra La Gioconda el otro nombre de la Mona Lisa, cuyas múltiples interpretaciones nunca consiguieron descifrar las incógnitas del cuadro.
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Ese sentido esencial de la obra clásica está en la intención velada o expresa del mundo digital desplegado por la artista plástica del siglo XXI, Carmen Fulle. También inmersa en un mundo experimental, sólo que de la tecnología virtual, la autora nos conduce a otras especulaciones humanísticas más propias de nuestra época.
LA POESÍA DE LA MÁQUINA
El sentido dialógico que surge entre el cuerpo humano y la máquina en la expresión poético-visual de los cuadros del Carmen Fulle nos lleva a reflexionar y sentir la distancia que hay en la mirada interior de una sensibilidad única, su mirada, y la que domina en la mayoría de las vidas, agobiadas por el tedio del ser invadido por la maquinaria exógena de la midia.
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El diálogo entre el ser y la máquina se nos revela, en la obra de esta artista chilena, en una dimensión endógena, transmigrando el tiempo-espacio desde Leonardo hasta hoy en una proyección de lucha ancestral cuyo misterio el computador (¡por suerte!) no consigue resolver. La paradoja surge cuando la máquina, producto de la inteligencia, de la creatividad humana, nos devuelve un resultado impredecible de lenguajes, imágenes, textos, que la autora manipula con su conocimiento de la técnica y la necesidad de expresar algo que va más allá de un acto puramente racional. Uno se pregunta hasta qué punto el ser humano maneja y controla la máquina y hasta qué punto es la máquina quien (curioso pronombre para una máquina) produce resultados sorprendentes de belleza, verdad, justicia, amor, dolor o muerte.
Pienso en todo eso cuando veo y hago una lectura de lo que muestran, en sus diferentes niveles, las imágenes digitales, sintetizando fotografía, sentido del color, superposición de planos, enlace de los diferentes universos, resultado del apasionante juego entre la artista y sus recursos virtuales. Ella escribe “uso una mezcla de técnicas: en el revelado de los negativos (las fotos con grano reventado, cuerpos en este caso) y luego en el tratamiento que les doy en el computador donde mezclo imágenes para obtener lo que quiero decir o me surge decir o no sé decir, y entonces son las imágenes las que lo expresan más potentemente de lo que yo imaginaba”...
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Todas esas cosas, las que quiere decir, las que no sabe decir, las que le devuelve la máquina, constituyen el misterio de sus otros “yo” fascinantes, lanzados en el espacio atemporal de la creación. La máquina, el computador, en ese juego impredecible, cual escritura automática del acto surrealista virtual, le devuelve los contenidos que la habitan de la memoria ancestral, del inconsciente colectivo. Como a todo gran artista.
Elga Pérez-Laborde
Fuente: Carmen Fulle
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