Cesar Gabler y Caterina Purdy en StuArt Galería de Arte / Post-Post
Expositor: Cesar Gabler y Caterina Purdy
Lugar: StuArt Galería de Arte (José Victorino Lastarria 305, Plaza Mulato Gil, Stgo.)
Técnica: escultura, técnica mixta
Fecha: hasta el día 19 de agosto 2006
Horario: lunes a viernes entre las 10:30 y las 18:30 hrs., sábados de 11:00 a 14:30 hrs.
Entrada: liberada
Informaciones: info@stuart.cl / www.stuart.cl
El título se tomó prestado de una etiqueta periodística y en él los autores ven un síntoma de cierta incapacidad para dar nombre a las cosas. Ante la imposibilidad de nombrar con seguridad a las cosas solo nos queda la posibilidad de inscribirlas a partir de referencias familiares. Post-Post, sería incertidumbre, indefinición, un campo de juegos y de dudas, como las obras que conforman esta muestra.
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En esta ocasión Purdy presenta una especie de retrospectiva de pequeños desechos, dibujos hechos sin pretensión de obra, fotos tomadas en su momento como registro o como inventario conformando unos collage de “basuritas de artista” en sus palabras. Todos esos elementos han pasado a cajas plásticas que parecen envasar a las imágenes. Aquí los cráneos y máscaras y monstruos toman el lugar de lo animal en su obra, un poco a la manera de las naturalezas muertas, mas específicamente las Vanitas, esas composiciones cultivadas insistentemente en el Barroco que insistía en recordarnos nuestra condición mortal.
Gabler presenta una serie de obras, en tinta, pastel y acrílico en las que el volumen principal lo constituyen una serie de imágenes inquietantes cuyo escenario es el bosque. Extrañas maquinarias, personajes de barba y larga melena acompañados por cazadores y científicos sin rostro constituyen algunos de los personajes que pueblan ese escenario. Las escenas parecen ocurrir en una época distante pero algunos elementos nos hacen dudar de la nostalgia y nos instalan en un tiempo indeterminado con leyes propias, las del absurdo.
Post-Post
I
Lo último en etiquetas históricas es la post-post guerra fría. Un prefijo sobre otro para definir la situación que padece la hegemonía norteamericana en el mundo. ¿Un síntoma? A finales del siglo pasado fatigamos los prefijos para intentar trazar un más allá de lo moderno y sus consecuencias. Eso parecía al menos la post-modernidad. Lo post interpelaba tanto al tiempo como al sentido, lo ponía en suspenso y lo interrogaba. En Chile vivimos la post-dictadura Su economía emergente tuvo que lidiar con un mundo post-industrial. Tras la caída del muro se vivía la post-guerra fría. Hoy hemos dejado atrás esos post y damos paso a otros nuevos, abriendo una nueva temporada de incertidumbres. Se anuncia el post-orgánico, cuerpos convertidos en información, desmaterializados por la biotecnología.
Post post
II
Dos imágenes se reiteran con insistencia en esta exposición: los animales y el bosque. Este último es el lugar sin reglas evidentes, sin cultura, donde el héroe debe encontrarse a sí mismo. Un ámbito que alude tanto a la relación Naturaleza-Cultura, como a una metáfora del mundo inconsciente. El Bosque se ofrece como un campo de pruebas, un lugar de máximo extravío. Se deja allí el hogar, la seguridad y la cultura. El propio yo queda en suspenso, fuera de sus confines, y la personalidad se funde entre hojas y árboles centenarios. El yo se encuentra con el ello y debe lidiar con monstruos desconocidos y seductores. No es extraño que casi siempre los personajes se pierdan en él. El bosque es Naturaleza, no hay caminos, no hay referencias, no hay cultura.
Es en ese punto donde se cruzan las obras de Purdy y Gabler. Si para el segundo bosques y pelos significan suspender lo cultural, sustraerse de imperativos sociales o políticos, para Purdy, el reino animal representa un pasaje a un paraíso perdido. Sus numerosas esculturas pueden entenderse como un alegato irónico de la intervención humana sobre la naturaleza. La conversión paródica de cadáveres animales en objetos de uso masivo ponen en evidencia aquello que nuestra cultura oculta: nuestro desarrollo se funda en la muerte de otros. Desde nuestro calzado a nuestra alimentación, inevitablemente tenemos que vérnoslas con la muerte de alguien. El Sillón Caballo o el Gato Guitarra, explicitaban ese hecho evidente, para escándalo de todos aquellos que se olvidan de que sus propios pies se abrigan con la piel de un animal muerto.
En esta ocasión Purdy presenta una serie de obras de pequeño formato. Para quienes conocen su producción puede resultar como una retrospectiva, pues entre las imágenes figuran fotografías de obras ejecutadas hace diez o más años: dibujos hechos sin pretensión de obra, fotos tomadas en su momento como registro o como inventario, conformando- en sus palabras- unos collage de “basuritas de artista¨. La operación que realiza la artista es similar a la que efectuaba con los cadáveres de animales. Ha sustituido los cuerpos por fotos y dibujos. De la preservación se encargan las cajas plásticas en las que ha dispuesto todos los elementos. El resultado: híbridos visuales. En ocasiones la artista vincula las imágenes valiéndose de algún texto, por lo general en inglés. La palabra adopta una función polémica y didáctica; la caligrafía revela el resto: una ingenuidad ligeramente perversa.
Buena parte de estas obras podrían leerse como modernas Vanitas. Tal como sus lejanas antecesoras, destinadas al gusto de nobles y burgueses, estas producciones juegan con lo evidente, nuestra mortalidad. Cráneos y huesos, como en el s.XVII, nos recuerdan ese destino desde sus nichos plásticos, asépticos y burlones.
III
En esta ocasión Gabler ha situado sus ficciones en dos ámbitos: el Bosque y el Living. Exterior e interior. Naturaleza y Cultura. Si el bosque se ofrece en los pasteles como un espacio incierto, abierto a la perversión y la incertidumbre, el living y el hogar se plantean como espacios cultos y controlados. Solo es una apariencia. La cultura figura aquí como un elemento de proyección aspiracional, un aparato perverso que permite regular las relaciones de poder entre los sujetos. El mobiliario articula el espacio y las relaciones, conformando la geometría de un lugar y fijando comportamientos elementales. Los muebles nos dan comodidad y nos privan del suelo. También nos sirven para ponernos en escena. Son un decorado cultural.
Ya conocemos las locaciones, pero ¿qué se pone en escena?. En cierta forma siempre ocurre lo mismo, una huida. Los habitantes del bosque escaparon hace tiempo de los imperativos de la civilización, viven una temporalidad que no es la nuestra. En estas escenas ,pintadas con pastel y carbón (por lo tanto con polvo y con cenizas) asistimos siempre a un encuentro, los personajes se relacionan desde el poder y el miedo. Sin embargo, ninguna de sus acciones nos da una idea clara de lo que hacen allí. Sus encuentros se verifican sin testigos. Como entre los clásicos, la violencia se insinúa como una consecuencia o un anticipo. Consecuencia en el caso del sujeto que cuelga de una vara camino a un acantilado. Anticipo en el Lobo-Hombre que carga su red de caza y observa calmadamente a un niño agazapado tras un árbol.
Esa contención se abandona parcialmente en el living. Talvez los espacios privados, lejos de alejarnos del peligro, sirven tan solo para contener la animalidad que hay en cada uno. Ponemos muros entre nosotros y nuestros vecinos para ocultar a la bestia que llevamos dentro; creamos nichos culturales para comportarnos de vez en cuando como animales, sin que lo sepa el resto. Extravíos privados. Pero a veces ese espacio se desborda. El odio, la rabia y el deseo salen a la calle. La lógica del carnaval o de la protesta se toma la plaza pública. Impera el desorden. Fuego y vidrios rotos entran en escena. El individuo se hace masa, motín, saqueo, pillaje. ¿Anti-sociales? Tal vez no, tal vez solo sean Post Sociales…
Post-post
Fuente: StuArt Galería de Arte |