Arte
Ballenero en la Corporación Cultural de Las Condes
/ “Scrimshaw. Arte de balleneros 1850-1890”
Lugar: Corporación Cultural de Las Condes, Sala Cruz del
Sur (Av. Apoquindo 6570)
Técnica: escultura, grabado
Fecha: hasta el 25 de septiembre 2005
Horario: martes a domingo 10:30 a 19:00
hrs.
Entrada: liberada
Este
curioso arte popular consiste en la talla y grabado sobre
colmillos y residuos óseos de cetáceos
Pasión mundial de millonarios y jefes de estado,
de poetas y de banqueros, el “scrimshaw”,
el arte de la talla y grabado que practicaban los balleneros
de mediados del siglo XIX sobre colmillos y residuos óseos
de cetáceos, es quizás la gama más
desconocida en el campo de los anticuarios en Chile.
Pero, a partir de fines de julio, el público podrá
apreciar la belleza de estas piezas de arte, recolectadas
en nuestro país, a través de la exposición
“Scrimshaw. Arte de balleneros 1850-1890”,
que se presentará en la Corporación Cultural
de Las Condes.
Las piezas pertenecen a una de las colecciones privadas
más importantes del país, la del anticuario
Enrique Gigoux, quien se ha apasionado desde hace muchos
años por este curioso y poco conocido arte popular
desarrollado en Estados Unidos en el siglo XIX, y que
actualmente se transa en los más altos valores
en los mercados de antigüedades.
El más destacado coleccionista de Scrimshaw fue
sin duda el Presidente de los Estados Unidos, John F.
Kennedy. En su escritorio de la Casa Blanca destacaban
soberbios ejemplares, hoy en la Biblioteca John F. Kennedy.
En nuestro país, Pablo Neruda, ávido coleccionista
del mar, tenía en los anaqueles de su casa en Isla
Negra hermosas piezas, y el dibujante Renzo Pecchenino,
Lukas, las ilustró y describió con asombrosa
fidelidad en sus apuntes sobre el viejo Valparaíso.
Las piezas que se exhiben por primera vez al público,
en la Corporación Cultural de Las Condes, han sido
todas recolectadas en Chile, luego que estos barcos norteamericanos
llegaran a nuestras costas, ya sea en Valparaíso,
Cabo de Hornos o la isla Mocha. En tierra chilena, los
balleneros usaron estas piezas de “scrimshaw”
como mercancía para intercambiar por servicios
o alimentación.
Entre las piezas de la exposición destacan cinco
bastones hechos en hueso de ballena y marfil de cachalote
en las empuñaduras, con aplicaciones de maderas
exóticas; un conjunto de artefactos domésticos
realizados por los balleneros para sus madres o esposas
ausentes (costureros, palillos para tejer, diente de morsa
convertido en caja tablero del juego “cribbage”,
entre otros) y dos dientes de cachalote, circa 1850-1880,
grabados con figuras femenina y masculina respectivamente.
La importancia de estos últimos radica en que muestran
personajes chilenos, sacados de un grabado del viaje de
La Perousse, llamado “Habitantes de Concepción”,
de fines del siglo XVIII.
Los “scrimshaw” han sido testigos presenciales
de la magnífica epopeya del hombre de comienzos
de la era industrial, en especial en Estados Unidos, que
fue la caza de ballenas. Se trata del tallado y grabado
sobre colmillos y residuos óseos de cetáceos
(ballena, cachalote, narval, etc.) que era el único
material abundante a bordo de los balleneros, con aplicaciones
de maderas exóticas y eventualmente algunos metales,
en especial plata nativa.
A esta labor se aplicaba la tripulación en los
largos viajes, sobre todo durante las “calmas chichas”
(falta total de viento) que a menudo mantenía inactiva
a la nave por períodos de hasta dos meses.
“El scrimshaw –señala Enrique Gigoux-
será la ocupación de 16 horas diarias, los
viejos lobos enseñarán a los bisoños
y pilotos, arponeros y contramaestres laborarán
codo a codo intercambiando sus experiencias. El capitán,
sabedor de que ésta es la única solución
para el mantenimiento de la armonía y disciplina
del barco, estimulará a los hombres adquiriendo
las piezas de excepción y proporcionará
herramientas, además de los servicios del herrero
y carpintero de a bordo para mantenerlas aguzadas”,
señala Gigoux.
Es así cómo toman cuerpo efigies de los
seres queridos, bastones y boquillas para el padre o hermano
ausente, mil utensilios de costura y cocina para la esposa,
juguetes para los niños, y por supuesto, los distintos
episodios del viaje grabados sobre dientes y huesos de
cachalote.
Fuente: Corporación Cultural de Las Condes
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